gotán/ gelman

Esa mujer se parecía a la palabra nunca, desde la nuca le subía un encanto particular, una especie de olvido donde guardar los ojos, esa mujer se me instalaba en el costado izquierdo.

Atención atención yo gritaba atención pero ella invadía como el amor, como la noche, las últimas señales que hice para el otoño se acostaron tranquilas bajo el oleaje de sus manos.

Dentro de mí estallaron ruidos secos, caían a pedazos la furia, la tristeza, la señora llovía dulcemente sobre mis huesos parados en la soledad.

Cuando se fue yo tiritaba como un condenado, con un cuchillo brusco me maté voy a pasar toda la muerte tendido con su nombre, él moverá mi boca por la última vez.

Poema Oriental

 

Y ahí aparecen las musas
vestidas de noche-murga
con tambores y con sedas
como regalos de madre
sin prisa pero sin pausa
la negrada se subleva
adentro del corazón
los latidos se envenenan.
y vamos cruzando charcos
con saltitos y sin penas
tomados de la mano y de las estrellas
algarabía laica, serena
que rompe las fronteras
hechas para la guerra.
allí va el botija cantando tangos
por allá la bolche silbando un rock
la noche azucena los tamangos
exorcizando el recuerdo y el amor.
“No habrá mas penas ni olvidos” dice el poeta
Como si fuera tan facil decidir
Que se va y que se queda
Adentro del cantegril.
Y caminando las plazas
Y algun que otro cabarute
Uno se siente en su casa
Y se mima y se abraza y se derrite
Imaginando historietas y disfrute.
Desde el Cerro uno se cree dios:
Abajo está la ciudad atemorizada
Un par de cañones oxidados
Apuntan hacia ella
sus huecos olvidados.
“Cuidado ahí está La Teja”
Un barrio jodido si los hay
Ponete las pilas y las orejas
Que ni la izquierda pudo zafar.
Y caminando la vida y las estrellas
Uno se siente amusado
Invitado por angelitos negros
Que tocan “en cuerda” allá por los bajos.
Si existe la ley o la violencia
En estos casos no interesa
Tampoco el idilio o la tristeza
Uno se hace la sabiola
Armando laberintos sin certezas.
Hagamos pues hermanos los caminos
De la alegria que todos merecemos
Sin fijarnos en credenciales o prefijos
Que la vida acecha en cada puerto.

Montevideo, enero 2007.

 

la mal parida