La inmensidad es sutil como una bofetada
Como un beso de la muerte sin límite alguno/
Volcamos nuestra vista hasta el fin de los tiempos
Reímos como príncipes desnudando cuerpos/
Las tertulias callan por no herir nuestras almas
Allá van las ternuras frotando algunas lágrimas/
Son lágrimas de aliento dicen los dioses buenos
Lo extenso se arruga como un pañuelo/
Y así, sin enrollarnos nos ponemos atentos
Por descubrir flujos y pubis y anhelos/
Somos como esos dioses perdidos hace tiempo
Nos sentimos gigantes inmensos y eternos/









